Fundación del Club Sirio Libanés

Nació y creció al impulso de la utopía

Década del ’30, años difíciles, Pergamino y la Nación en crisis; éramos parte integrante de un mundo con dificultades económicas. Ciudad enclavada dentro de la zona agrícola más importante de nuestro país, tenía las características propias de las ciudades íntimamente ligadas a las tareas rurales…
En esos años, algunos muchachos descendientes de familias sirias y libanesas se reunían en los bailes y en las esquinas para charlar, compartir vivencias y sueños. No tenían un sitio que los aglutinara, sólo las ganas de encontrarse y estar juntos.
De a poco comprendieron que ya no necesitaban rotar de Club en Club para reunirse y que llegaba el momento de hacerse de un espacio propio, que les perteneciera y en el que pudieran expresar todo el aporte cultural que habían recibido de sus padres y abuelos, sus danzas, su música, sus costumbres.
Por entonces ya funcionaba, desde 1926 la Sociedad Siria de Socorros Mutuos en Lagos al 600 y estos muchachos consiguieron el permiso a su Presidente para disponer de una salita en esa casa. No pretendían mucho, querían un lugar para conversar, para evocar, para soñar.
Algunos de ellos nostálgicos y de origen lejano, sentían que de a poco se hacía realidad su sueño de aferrarse a algo que les fuera propio. Añoraban la tierra lejana pero lograban construir su lugar en esta lejanía.
A partir de entonces, las reuniones fueron más periódicas, se sumaron más muchachos y comenzaron los bailes, que eran la única oportunidad de acercarse a la “niña pretendida” y aunque algunos sabían bailar y otros no, el Club les daría la oportunidad a todos de aprender y disfrutar de la danzas de sus ancestros. Y aunque la danza no fue el motivo para fundar una institución, sí lo fue para sumar a todos.
Se efectuó una reunión constitutiva en la casa de los hermanos Yamil y Nicola Rasuk, en la calle Lagos 622, y luego de varios “cabildeos” el miércoles 9 de julio de 1930 se fundó el Centro Recreativo Sirio Libanés.
El albergue institucional fue una piecita que les alquiló Vicente Tessone en Luzuriaga 278 por $4 mensuales.
Aunque la idea principal era fundar un club verdadero, con deportes, lo primero que se hizo fue convertir la pieza en una especie de academia de baile. Los más hábiles enseñaban a los más duros. Se adquirió un fonógrafo y dos discos: “La Cumparsita” y “9 de julio”.
Y así empezó. En esa humilde piecita se mezclaban sueños y esperanzas en el corazón de aquellos bohemios que con nada iban tejiendo fantasías.
Atrás fueron quedando la primera juventud, los años más lindos y locos, y se fue dando paso a la madurez y a las responsabilidades, a la organización y al crecimiento: de la academia de baile al campo de golf. 

Así Empezó: el baile fue la llave

El Centro Recreativo Sirio Libanés encuentra sus primeros antecedentes en un grupo de muchachos descendientes de las familias sirias y libanesas que finalizando la década del ’20 se reunían en las esquinas y en los bares para charlar y compartir vivencias.
No tenían un lugar fijo para sus encuentros pero cada vez iban creciendo en número y necesitaban un sitio para sentirse cómodos y expresarse con naturalidad.
Así pidieron permiso para realizar sus reuniones sociales en la Sede de la Sociedad Sirio Libanesa de Socorros Mutuos y luego decidieron crear una suerte de academia de baile. El baile era para ellos un elemento aglutinante y a la vez les permitiría abrir algunas puertas sociales que de otro modo permanecían cerradas para los hijos de las lejanas tierras de Medio Oriente.

Así los muchachos se propusieron aprender a bailar, organizar fiestas y relacionarse con más gente, pero sobre todo, con “la chica pretendida”.
Para este fin entonces se trasladan a un local que Vicente Tessone les alquiló por unos pesos mensuales en la calle Luzuriaga y se conforman oficialmente como “Centro Recreativo Sirio Libanés” el 9 de julio de 1930 (fecha que se toma como fundacional del Club Sirio Libanés) con sede en Luzuriaga 278.
Allí Montenegro junto con los más avezados en la danza le enseñó su arte a los novatos. Además se compraron un fonógrafo con dos discos cuyos títulos dejan en claro sus intenciones sociales y el afecto por esta tierra que los albergaba: “La Cumparsita” y “9 de julio”.
Cuando estuvieron preparados para lucirse en la pista, este grupo de chicos organizó con éxito sus bailes en “El Prado Español” (ubicado donde se encuentra en la actualidad la Escuela Nº 4). Se organizaban cuatro bailes al año que gozaban de gran éxito.
Un año más tarde los hermanos Annan y Ailán habían comenzado a construir una tímida cancha de básquet con el objetivo de crear un equipo propio, que los representara mejor que los clubes de aquel entonces.
Ambas instituciones deciden fusionarse y crear un Club. Una institución única que materializara sus sueños y objetivos tanto sociales y culturales como deportivos. Este lugar, el Club Sirio Libanés sirvió de albergue para ellos y para otros muchos que como ellos, buscaban un sitio para reunirse, para compartir y sentirse bien.
De este modo, la actividad social y cultural del Club Sirio Libanés en sus primeros años de vida pasaron por la organización de fiestas, bailes y reuniones sociales abiertas a toda la comunidad.